Ideas, reflexiones y conocimientos sobre diseño, tecnología y productos digitales
Publicado el 27 de enero de 2026
Una reflexión personal desde experiencia de usuario sobre cómo las decisiones tomadas desde roles aislados influyen en la experiencia final.
En los últimos proyectos en los que he trabajado, he notado algo que me ha hecho detenerme a pensar con más calma sobre cómo tomamos decisiones dentro de las organizaciones. No lo veo como un error ni como algo que “no funciona”, sino como un patrón que se repite con mucha naturalidad: cada área decide desde su propio rol, con buena intención, pero con una visión inevitablemente parcial.
Diseño piensa en personas y flujos.
Desarrollo piensa en viabilidad y estabilidad.
QA piensa en calidad y control.
Negocio piensa en objetivos y resultados.
Todas esas miradas son válidas. El punto que me genera reflexión es que rara vez se construyen juntas, como una sola conversación.
Con el tiempo he llegado a la conclusión de que no es que las personas no quieran asumir responsabilidad por el resultado final, sino que el propio diseño de los roles las invita a concentrarse solo en su parte.
Esto conecta directamente con una idea de Peter Senge que recientemente descubrí:
“Cuando las personas de una organización se concentran únicamente en su puesto, no sienten mayor responsabilidad por los resultados que se generan cuando interactúan todas las partes.”
No lo interpreto como una crítica a las personas, sino como una observación sobre cómo los sistemas influyen en la forma de pensar y decidir.
Desde experiencia de usuario, mi percepción suele ser distinta porque el trabajo de UX ocurre justo en los cruces:
Eso me ha llevado a pensar que UX no ve “más”, sino que ve conexiones. Y cuando ves conexiones, es difícil no preguntarte por el impacto global de decisiones que, vistas de manera aislada, parecen totalmente razonables.
Algo que también he reflexionado —y que suelo compartir en mis charlas— es que la comunicación entre diseño, desarrollo, QA y negocio no es solo un tema de habilidades blandas o de “ponernos de acuerdo”.
Es un tema estructural.
Cada disciplina opera con:
Si no existe un espacio real para alinear esos modelos mentales, la comunicación ocurre, pero no necesariamente genera aprendizaje colectivo, que es justo uno de los pilares del pensamiento de Senge.
Otra idea que me ha ayudado a ordenar estas observaciones es entender la experiencia de usuario no como algo que se diseña directamente, sino como algo que emerge.
La experiencia no es un entregable.
Es el resultado de cómo se relacionan decisiones, procesos, prioridades y conversaciones.
Desde esta perspectiva, UX no “arregla” la experiencia.
UX ayuda a hacer visible el sistema que la produce.
Cuando empiezo a mirar el trabajo desde este lente, cambia la pregunta:
ya no es “¿qué le toca a cada área?”, sino “¿qué efecto tiene esto en el conjunto?”.
Y ese cambio de pregunta, aunque parece sutil, transforma la forma en que diseño, desarrollo, QA y negocio pueden dialogar entre sí.
No se trata de eliminar roles, sino de trascenderlos mentalmente.
Esta no es una conclusión cerrada, sino un pensamiento que sigo construyendo.
Cada proyecto me confirma que la experiencia de usuario está profundamente ligada a cómo una organización piensa, se comunica y toma decisiones.
Peter Senge puso las bases desde la teoría organizacional.
Quienes trabajamos en productos digitales lo exploramos todos los días desde la práctica.
Tal vez el verdadero trabajo no esté solo en diseñar mejores interfaces,
sino en aprender a pensar mejor como sistema.
Guillermo Márquez
Desarrollador de Productos Digitales | Ingeniero en Sistemas | Maestro en Desarrollo Cognitivo.